La prisas no son…adaptativas

Hace poco más de dos semanas me encontraba en un aeropuerto, a la espera del control de pasaportes que se demoró hasta hora y media. No había muchas opciones de distracción y entretenimiento que escuchar música o que contemplar a los viajeros que se disponían a esperar a ser llamados.

Según iban pasando los minutos, se empezaban a ver cambios en el comportamiento en las personas. Algunas empezaban a mirarse entre sí, de repente alguien abrió la veda y comentó que aquello era una tomadura de pelo, que con lo que se paga por viajar ya podrían darse más prisa, que cómo son los américanos de paranoicos, que por qué hay gente tan incompetente trabajando y un largo etcétera al que se unió un gran número de personas. Los que no comentaban nada o se asomaban entre la muchedumbre para poder anticipar cuánto tardarían, miraban su móvil de forma sistemática, otros jugaban con su tablet y otros se mordían las uñas o bien mostraban síntomas de ansiedad.

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Pues bien, el objetivo de este artículo es tratar el tema de la demora del refuerzo, algo que cada vez toleramos con más dificultad debido a numerosos factores a los que estamos sometidos.
La demora del refuerzo es aquello que la mayoría de las personas conocerían como “la fuerza de voluntad”. Cuando alguien dice que otra persona tiene mucha fuerza de voluntad lo que está observando es que hay gente que puede hacer determinadas cosas a pesar de no recibir un refuerzo a corto plazo. Uno de los ejemplos más claros se pueden ver en personas que quieren dejar de fumar.

Las gente que logra dejar de fumar ha aprendido que, a pesar de tener unas ganas evidentes de encender un cigarrillo y fumárselo (refuerzo a corto plazo), en un futuro va a obtener beneficios ya que mejorará su salud, ahorrará dinero, no olerá a humo…(refuerzo a largo plazo).

Las personas que se quedan en el proceso, son aquellas que aunque sean conscientes de las ganancias a largo plazo, en el momento le restan importancia o directamente las evitan para no sentirse mal por “romper con su promesa”. Si están delante de otro fumador o en una situación social será más probable que fumen porque se dicen “de algo hay que morir, por uno más no pasa nada, yo es que no tengo fuerza de voluntad, hoymejor no que es lunes”, así que por un lado se diluye esa responsabilidad y por otro se obtiene ese refuerzo a corto plazo, fumar en ese mismo instante. Pero en cuanto se han fumado el cigarrillo, vuelve esa sensación de culpabilidad y se vuelven a prometer que no caerán en la tentación de nuevo.

¿Cómo aprendemos la demora del refuerzo?

Cuando somos niños, básicamente nos comportamos en base al refuerzo inmediato. Si pasábamos delante de un mostrador de juguetes podíamos llorar y tirarnos al suelo para que nuestros padres nos compraran algo en ese mismo momento. A base de ensayos, podíamos ir aprendiendo que si nos lo compraban, teníamos una buena estrategia, llorar como locos hasta que los padres abrumados por el bochorno, accedieran a comprarlo. A los que no nos compraban ese juguete a pesar de montar el número, aprendíamos a tolerar que no siempre se puede hacer lo que uno quiere y menos en ese mismo instante.

Por repetición y según vamos creciendo, empezamos a incluir las normas sociales, que tienen que ver mucho con el control de impulsos, ya que anticipamos que si nos comportamos de una forma inadecuada, podemos ser catigados por otras personas. Una vez somos adultos no se nos ocurre tirarnos al suelo para que nos compren algo, no escupimos la comida que no nos gusta encima de la mesa, no nos bajamos los pantalones en medio de una plaza concurrida a pesar de tener muchas ganas de hacer pis, esperamos a final de mes para cobrar nuestros sueldos… y quien muestre comportamientos similares a los expuestos en los ejemplos, podríamos decir que no toleran la demora del refuerzo.

¿Por qué cada vez es más difícil llevar a cabo acciones cuyo refuerzo es a largo plazo?

Nuestra forma de vida cada vez está dificultando más que podamos tolerar la demora del refuerzo.

Antes con el teléfono fijo, no nos quedaba otra que esperar a llegar a casa y hacer una llamada, vamos a restaurantes de comida rápida, comprobamos el mail a todas horas, exigimos respuestas rápidas a aquellos que necesitan más tiempo para tomar decisiones…

images-2Los ejemplos más claros los podemos encontrar en el ámbito de las tecnologías, concretamente con las redes sociales y los programas de mensajería gratuita en los teléfonos móviles. De hecho está habiendo un aumento de casos en clínica relacionados con la ansiedad que implican este tipo de programas. Hay discusiones de pareja por fotos que se suben a la red, por no contestar los mensajes que según lo que ponía en la pantalla estaba leídos, hay familias que acuden a un restaurante y cada comensal para llevar “mejor” la espera, juega con el móvil y no considera que tener una charla amena con las personas presentes sea una opción. En otras ocasiones, cuando el semáforo se ha puesto en verde, los coches de detrás tardan menos de un segundo en tocar el claxon para llegar antes a un sitio y lo que es peor, a veces ir a velocidades absurdas y presionando a otros conductores, primando el hecho de llegar antes e ignorando el peligro que supondría para sus vidas.

Cuanto más se diseñe nuestro estilo de vida bajo estos criterios de refuerzo inmediato, menos expuestos estaremos a las situaciones de refuerzo a medio o largo plazo y por lo tanto no se dará ningún tipo de aprendizaje.images-1

La fuerza de voluntad no viene sola, sino que se trabaja y si no nos exponemos a esas situaciones para manejar los tiempos de espera, lo más predecible es que vayamos siendo cada vez más impacientes en nuestra vida familiar, sentimental, académica, laboral o de ocio.

Una buena anticipación y análisis de las situaciones que nos exigen demorar el refuerzo, nos servirán para poner en marcha estrategias adecuadas para evitar que esa ansiedad afecte a nuestra vida cotidiana.

Andrea López Bosch
Psicóloga, Equipo ERGO

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