El debate del DSM-5

                                                                                                                                                        Hace apenas dos meses, la asociación americana de psiquiatría presentó la nueva edición del DSM-5, el manual diagnóstico y de enfermedades mentales. Antes de su publicación ya se escuchaban rumores y opiniones sobre varios cambios que parecían no convencer mucho a los profesionales.

DSM5

Entre la antigua versión (DSM-IV-TR) y el actual (DSM-5) hay un exceso de nuevos diagnósticos, ¿significa esto que ahora estamos más enfermos?

Por lo visto han cambiado algunos criterios diagnósticos que hacen que conductas normalizadas, ahora se consideren patológicas.

Debemos entender, que un psicólogo ayudará a las personas para que sus comportamientos no lleguen a ser desadaptativos. Es decir, que alguien llegue triste a sesión por una ruptura de pareja reciente, o la muerte de un ser querido o porque le han echado del trabajo, es un comportamiento perfectamente adaptativo y se manifiesta en forma de “tristeza”. Ahora bien, si esa persona lleva un largo periodo de tiempo, sigue con un estado de ánimo bajo y esto afecta a su vida cotidiana, entonces podríamos entender que esa persona necesita ayuda.

Por lo visto, según el DSM-5 una persona que acaba de perder a un ser querido, entraría dentro de los criterios diagnósticos de trastorno depresivo mayor.

¿Y tiene tanta importancia ponerle nombres a las cosas?

Poner nombre a los acontecimientos o problemáticas tiene en ocasiones una función de alivio o disminución de ansiedad por la sensación de control que genera en nosotros. Es decir, si llevas mucho tiempo yendo al médico y no saben decir qué es lo que ocurre, suele llevar a una situación de indefensión (no sé lo que tengo, por lo tanto tampoco puedo hacer nada para mejorarlo). En el momento que se puede responder a “qué es lo que me pasa” se suele reaccionar para solucionar el problema

images

Pero otras veces ocurre lo contrario. Es común ver en clínica cómo las etiquetas y diagnósticos afectan a las personas y generan resignación, en vez de una reacción para el cambio terapéutico. Se suele escuchar “verás, yo no puedo hacer eso porque como soy obsesivo-compulsivo, como soy bulímica, como soy_________”

El caso es que las etiquetas en ocasiones asustan y además parece que eximen de la  responsabilidad a la hora de participar en el tratamiento, es decir si yo SOY obsesivo compulsivo, parece que nada más que unas pastillas de por vida pueden cambiarlo.

Hay que tener en cuenta que el DSM-5 actúa a modo de recetario, algo que describe patrones  de cómo se manifiestan algunos problemas, pero en intervención SIEMPRE hay que tener en cuenta las images (1) de cada caso para asegurar unos resultados eficientes y efectivos.

Aquí dejamos el link de una publicación sobre este tema:

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/05/17/actualidad/1368744205_051777.html

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El papel de las etiquetas

Medicalizar la vida cotidiana

Andrea López Bosch

Psicóloga, Equipo ERGO

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