Análisis funcional de la conducta verbal del terapeuta en el tratamiento de un caso de ansiedad

Clínica y SaludSe acaba de publicar en el último número de la revista del Colegio Oficial de Psicólogos “Clínica y Salud” el artículo que escribieron en conjunto Andrea López Bosch, miembro del Equipo de  ERGO Psicólogos y Ricardo de Pascual Verdú, colaborador externo de ERGO Psicólogos. El artículo se centra en el análisis funcional de la conducta verbal del terapeuta en el tratamiento de un caso de ansiedad. Esperamos que sea de vuestro agrado.

http://www.copmadrid.es/webcopm/publicaciones/clinica/cl2012v23n2a5.pdfClínica y Salud

Equipo ERGO

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“Tips” para estar en forma en verano… y durante todo el año

     Llega una época muy deseada por todos y, a su vez, odiada por muchos precisamente porque toca lucir tipo (de ahí la famosa “operación bikini”), cambiar horarios y rutinas, más tiempo de convivencia (con la pareja, con la familia, con la familia política, etc.)…

En esta ocasión, hemos contado con la colaboración de la nutricionista Paola Coser para elaborar una lista de “tips” para conseguir estar en forma y cuidarse durante todo el año olvidándonos de dietas estrictas o “dietas-milagro” que sólo ofrecen soluciones a corto plazo. ¿Acaso no es preferible solucionar definitivamente el problema y poder dedicar tiempo y esfuerzo a otras cosas con las que poder disfrutar en lugar de esperar a épocas como ésta y afrontarlas con sufrimiento o desgaste?

Todas las dietas funcionan si se hacen bien. El problema es cuando se abandona la dieta, pues si se sigue comiendo igual que antes, se volverá a pesar lo mismo de antes (obteniendo como resultado el famoso “efecto yo-yo” de las dietas). ¿Dónde reside el problema entonces? En que no se interviene en los HÁBITOS DE ALIMENTACIÓN, esto es, en los patrones de conducta alimentaria que tenemos o llevamos a cabo. Nuestra propuesta es, por tanto, diferente y pone el foco de atención en los hábitos de alimentación, para poder llegar a comer de todo sin necesidad de sentirse a dieta o de estar restringidos en épocas señaladas (teniendo que repetir cada año la ya mencionada operación bikini).

Los tips que tanto Paola como yo recomendamos son los siguientes:

  • Planificar las comidas y sus horarios, distribuyéndolas a lo largo del día (haciendo un total de 5 comidas al día: desayuno, media mañana, comida, merienda y cena).
  • Cuidar las cantidades: Si las porciones son demasiado grandes, reducirlas a la mitad; si antes repetíamos porción, comer ahora solo una vez.
  • Evitar comer demasiadas frituras: Se pueden comer sólo 1 vez a la semana.
  • Evitar comer demasiados dulces y bebidas alcohólicas: Se pueden consumir cualquiera de las dos 2-3 veces por semana (ej.: un día de la semana chocolate, otro día de la semana una copa de vino y otro día una bolsa pequeña de patatas fritas).
  • Aumentar el consumo de líquidos al día, mayoritariamente agua, pero también pueden ser refrescos light o zero, té, infusiones o café. Paola informa de que los líquidos cumplen una función saciante (sobre todo los líquidos calientes) y permiten llegar con menos ansiedad a las comidas o cenas.
  • Aumentar el ejercicio físico. Esto no quiere decir que haya que apuntarse y “matarse” en un gimnasio necesariamente. Basta con incorporar la actividad física a nuestra rutina diaria, haciendo de nuestro estilo de vida un estilo más activo (moverse a lo largo del día, subir y bajar escaleras, etc.). El transporte público, además de cuidar el medio ambiente, hace que nos movamos más que si vamos en coche. Además, podemos bajarnos unas paradas antes para poder hacer el resto del trayecto andando. Y, si ya queremos adquirir el hábito con algún tipo de actividad física en concreto, recomendamos comenzar con algo que nos resulte agradable y de manera gradual (ej.: destinar sólo 10 minutos al día caminando, corriendo o pedaleando). Si empezamos “forzando mucho la máquina” el primer día, al día siguiente estaremos muy cansados o se nos hará difícil mantener ese ritmo (además de que nos resultará más desagradable), pudiendo acabar asociando el ejercicio con emociones negativas, cuando en realidad, realizado a niveles moderados (ni muy bajos ni muy altos), genera emociones agradables (pues se liberan endorfinas). Pero para ello es necesario que el hábito se mantenga durante un tiempo determinado (éste es el gran obstáculo del ejercicio físico), pues se necesitan unas 2-3 semanas para que empiecen a notarse los efectos. Asimismo, es conveniente que esta actividad la realicemos siempre a la misma hora y en los mismos días de la semana, para así adquirir el hábito más fácilmente.

En línea con el punto anterior, podemos ver en el siguiente vídeo, hasta qué punto hemos olvidado “para qué fue diseñado nuestro cuerpo” y qué funciones le dábamos hace millones de años (cazar, correr, trepar…).

Lógicamente el vídeo, con un tono cómico y extremista, se aleja bastante de la realidad, pero ¿a que no nos sorprende tanto hablar de personas que van en coche al gimnasio, que dicen a sus hijos que hagan deporte estando sentados en el sofá, que hacen la compra desde un ordenador, que llaman a su secretaria (a escasos 10 metros de distancia) por teléfono o que usan el ascensor para subir un piso?

Y, lo más importante, no hay que esperar al lunes, a después de las vacaciones o a los propósitos de año nuevo. Recordemos que se trata de un cambio de hábitos y, como tal, cuanto antes se empiece a practicar, mejor, pues más ocasiones o más tiempo habremos tenido para poner en marcha las conductas adecuadas (y, por ende, más instauradas estarán en nuestro repertorio básico de conducta). ¿Por qué los psicólogos son los que trataban principalmente los problemas de alimentación hace años? Porque, como el propio nombre indica, son “trastornos de la conducta alimentaria” (o TCA), aunque dichos problemas se hayan medicalizado o se estén abordando actualmente a base de bisturí. El resultado es que, retirada la medicación o cuando la persona sale de quirófano, al volver a sus hábitos de siempre, mantendrá el problema de siempre. No esperemos soluciones diferentes recurriendo a lo mismo de siempre… Eso sí, es importante marcarse objetivos realistas para poderlos conseguir y así ponernos “el camino fácil”, motivándonos al ver que conseguimos aquello que nos proponemos y, lo más importante, que lo mantenemos.

Tampoco podemos esperar a que las ganas nos aparezcan o surjan un día “porque sí”, a tener una mañana más fuerza de voluntad como si ésta nos cayera del cielo o a simplemente “levantarnos un día con buen pie”. Las ganas se hacen y los cambios grandes se consiguen a través de cambios iniciales pequeños. Por lo que, comenzando con pequeños pasos, podremos lograr que cada verano no necesitemos una operación bikini y podamos disfrutar del cuerpo que deseamos durante todo el año. Lo importante es empezar y, como decía una de nuestras mejores clientes, “no mires la escalera, sube el primer escalón“.

Paola Coser
Nutricionista

Gala Almazán
Psicóloga Equipo ERGO

(*) Webs relacionadas: www.metodothinking.com

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Facebook en nuestras vidas o nuestras vidas en Facebook

     Según pasan los días parece que ya está todo inventado. Sin embargo, nos seguimos sorprendiendo con numerosas innovaciones. Eso sí, algunas se mantienen y otras no llegan a cuajar.

Una de las que permanecen y siguen creciendo es sin duda Facebook. Cada vez hay más personas que emplean esta red social con distintos objetivos, ya sea mantener el contacto con amigos, publicitar, hacer negocios y fines laborales, discutir sobre temas determinados compartiendo publicaciones, buscar pareja, organizar eventos…

Pero la pregunta que parece quedarse siempre en el aire es, si integrar Facebook en nuestras vidas es algo negativo o no. Si nos paramos a pensar sobre otras herramientas con las que estamos familiarizados, cualquiera de ellas tendrá sus ventajas y sus desventajas.

Hablemos de la televisión o de los videojuegos. En los medios escuchamos, en más de una ocasión, que la televisión y los videojuegos podían tener un efecto negativo directo sobre el comportamiento de aquéllos que acostumbraban a usarlos. Pero las verdades absolutas, generalmente son, como poco, arriesgadas.

Lo que queremos decir con ello, es que las nuevas tecnologías o nuevas herramientas no son intrínsecamente buenas o malas, sino que dependerán del uso que se les dé. Hemos conocido casos en los que efectivamente ver determinadas películas favorecían comportamientos delictivos, pero nos olvidamos del alto porcentaje de personas que viendo exactamente los mismos contenidos, han vuelto a sus casas tranquilamente y continuado con sus rutinas. Si una persona dedica tantas horas a los videojuegos, que acaba afectando a sus patrones de sueño, a su dieta y a sus interacciones sociales, podremos decir que esa persona tiene un problema relacionado con los videojuegos.

Si alguien comparte fotos en Facebook y tiene como amigos a sus jefes o compañeros de trabajo y hace comentarios poco afortunados sobre ellos, tendrá muchas probabilidades de volver al trabajo y tener que dar explicaciones. Si esto provoca reacciones de desconfianza en su trabajo, entonces podremos decir que esa persona ha tenido problemas laborales a raíz del uso de Facebook.

Las afirmaciones, los titulares y estadísticas han de ser analizados siempre y no tomados como verdades absolutas que, aunque sean más cómodas de emplear, pueden tener consecuencias sobre colectivos determinados. ¿O no se ha escuchado en numerosas ocasiones que los que son maltratados al final acaban maltratando?, ¿Tampoco se ha escuchado que todos los esquizofrénicos matan a algún miembro de su familia? Así que debemos tener en cuenta SIEMPRE las circunstancias de cada caso y cómo se relaciona con aquello que le rodea. Por lo tanto, hasta este punto lo único que se podemos afirmar es que la idoneidad de incorporar estas herramientas dependerá del uso que le vaya a dar cada persona.

¿Por qué engancha Facebook?
Al igual que las máquinas tragaperras o los juegos online, Facebook es un depurado programa de reforzamiento. Ganar dinero en una máquina tragaperras, sin poder anticipar cuál será la próxima vez que nos va a tocar un premio, hace más probable que sigamos introduciendo monedas. Si además pensamos en las luces que se encienden cuando ganamos y sobre todo, el estruendo que hace el dinero al caer cuando se recibe el premio, nos da la sensación de estar ganando una cantidad considerable de del mismo y olvidamos lo que hemos gastado. Porque si no, a alguien ya se le habría ocurrido poner una base acolchada y no metálica, lo cual facilitaría bastante que la gente que está en el bar pudiera hablar con un tono de voz más bajo. En Facebook, aunque no se gana dinero, podemos encontrar una gran variedad de reforzadores asociados.

A la gente le gusta mostrar que ha estado en el Caribe mientras los demás pasaban un invierno muy duro, a otros les refuerza ver y cotillear lo que otros hacen, otros presumen de nuevo novio o novia, otros empiezan debates sobre temas que les interesan… Pero a diferencia de la tragaperras o de los juegos online, la obtención de esos refuerzos (dinero, puntos…) no depende de aquellos que lo programaron. En el caso de Facebook, la obtención de los refuerzos depende de la gente que se tenga agregada y de nosotros mismos, en tanto en cuanto podemos decidir a quién queremos agregar y por lo tanto a quién nos reforzará.

El comportamiento de subir fotos se mantiene o bien por los comentarios que hacen los amigos o bien por la opción “me gusta”. Si analizamos esto, los “me gusta” son reforzadores, pero de menor valor, ya que lo único que debe hacer la persona es pulsarlo. Sin embargo, un comentario ya implica que otra persona te dedica más tiempo y por lo tanto será mejor valorado. Si mirásemos todas las fotos que hemos subido, podríamos establecer un patrón de qué tipo de fotos han sido mejor valoradas y por lo tanto podríamos categorizarlas y ver nuestro patrón a la hora de elegir las fotos. Hay gente que publicará más fotos de paisajes porque les gustan los paisajes y además sus amigos les preguntan o piden información al respecto, otras personas tenderán a subir fotos de sí mismas porque les gusta verse bien y que además el resto de la gente se lo corrobore, habrá gente que cuelgue fotos de sus mascotas principalmente…

También existe la posibilidad de chatear con amigos, esa exclusividad hacia una persona, supondrá mayor valor en cuanto al refuerzo. Organizar eventos y poder elegir a las personas invitadas, sin que las personas que no han sido invitadas sepan nada al respecto y se evite un conflicto, hace que esta actividad también se emplee con frecuencia. Compartir artículos y noticias específicos, de temas comunes a nuestros amigos, hace que sea muy reforzante, dado que la información ya se ha seleccionado y si además nos lo recomiendan de primera mano, tendremos más probabilidad de leerlo y de continuar con esa actividad en el futuro.

¿Cuáles son las ventajas y desventajas de Facebook?
Como ya se anticipaba al principio, el uso que demos a la herramienta nos dará pistas sobre qué es o puede ser negativo o positivo para nosotros. Para personas que quieren anunciar su negocio pero no pueden invertir en sistemas alternativos de pago, este tipo de redes supondrán sin duda una ventaja. Para grupos de trabajo privados en los que la gente quiere intercambiar opiniones o información y poder ver las actualizaciones sin tener que leer largas cadenas de mails, supondrá de nuevo una gran ventaja.

Sin embargo, si una persona emplea Facebook para controlar lo que su pareja hace y cada foto que ve o comentario le genera malestar porque no sabe gestionar bien esa relación, entonces esta red social no se convertirá en su mejor aliado. Si hay personas que olvidan a la gente que tienen en su lista de amigos y facilitan determinada información que puede ser sensible para otras muchas, entonces podrá encontrarse con un nuevo problema.

En definitiva, cada uno deberá pensar cómo le afecta el uso de Facebook, si le parece algo a lo que merece la pena dedicar algo de tiempo en su día a día o no y llegar a las conclusiones oportunas.

No hay que dejar de recordar que mucha gente se lamenta de que las viejas costumbres se pierden, y es precisamente por ser viejas por lo que se van dejando de lado. Cualquier adaptación a los cambios se puede hacer pesada al principio, pero si esa nueva herramienta permanece en nuestro entorno, es porque algo tiene que aportar.

Andrea López Bosch
Psicóloga, Equipo ERGO

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La historia de las relaciones de pareja

     Hoy en día, el hecho de que una pareja se separe o se divorcie por intereses personales no llama tanto la atención como años atrás, pero lo cierto es que esto constituyó en su momento una verdadera revolución si atendemos a la historia de las relaciones de pareja en nuestra sociedad, lo cual nos puede enseñar mucho o, al menos, hacernos reflexionar.

Hace unos 5-7 millones de años, cuando nuestros primeros ancestros primates bajaron de los árboles y comenzaron a poblar la superficie terrestre, vivían organizados en comunidades, aunque los conceptos de pareja, familia y fidelidad no existían todavía. De hecho, lo normal era la poligamia (una hembra mantenía relaciones con varios machos) y los machos mantenían una competición despiadada para copular con todas las hembras de la tribu. Las hembras entonces se preocupaban del cuidado de las crías y los machos de la protección del grupo. En definitiva, el sistema  polígamo fue la “norma” durante millones de años. Pero cuando nuestros antepasados empezaron a caminar, los bebés se volvieron más frágiles al nacer antes, por lo que se prestó especial atención al cuidado de los niños. Las crías humanas necesitaban del cuidado de los adultos para desarrollarse. Y surgió así el principio de monogamia, pues al macho empezó a interesarle quedarse con la hembra para cuidar a la cría hasta que fuese más autosuficiente. Y para perpetuar la especie el hombre comenzó a organizar su vida en torno al bebé. Surgió el reparto de tareas: los hombres iban de caza mientras que las mujeres recolectaban y cuidaban a los niños. Además, apareció el lenguaje, que permitía la comunicación entre los individuos y el relato de todo cuanto sucedía.

Los primeros poblados aparecieron hace unos 10.000 años a. C. El hombre se había hecho agricultor y criaba animales. Quería, además, transmitir la tierra a sus hijos, para lo cual tenía que asegurarse de que realmente eran hijos suyos. Y para tener la certeza de que así era, se creó la pareja como organización social. Se necesitaban unos sistemas sociales que garantizasen una estabilidad. A partir de ahí surgió en Occidente (y posteriormente en otras zonas) la idea del reparto estricto de las labores entre hombres y mujeres, de manera que éstas se centraban cada vez más en las labores domésticas.

En el último milenio a. C. aparecieron las civilizaciones guerreras que necesitaban soldados para proteger las ciudades. Tanto en Grecia como en Roma el matrimonio era una obligación para los ciudadanos. La ley perseguía a los solteros porque no cumplían con su deber: tenían que casarse para tener muchos hijos y, por ende, muchos soldados. Equivaldría a no cumplir antes con la obligación de hacer el servicio militar. Y todo esto estaba bajo el control de los padres de los futuros esposos. El matrimonio era un contrato familiar a efectuar entre dos familias (ambas llegaban a un entendimiento y hacían una especie de juramento). Incluso en muchas ocasiones, en cuanto nacía la niña o el niño, ya se sabía con quién se iba a casar y a menudo los futuros esposos se conocían durante la ceremonia. El matrimonio griego era como una empresa y tenía que cerrar un buen trato entre las dos familias: la familia del chico le entregaba a éste una parcela de tierra y la familia de la chica le entregaba a ésta muebles u otros bienes. Era una conjunción de intereses en la que cada cual aportaba lo que le faltaba al otro y la pareja conseguía sobrevivir en el seno de la comunidad. El padre, al entregar a su hija al futuro marido, consentía que éste se convirtiese en el dueño de ella. Y la mujer tenía la obligación de ser fiel a su marido (si no, se enfrentaba a la repudiación), mientras que en el caso del hombre no ocurría así; incluso tenían un pequeño harén en casa a su disposición. Cleopatra y AntonioPara el placer tenían a las cortesanas y a las concubinas (de estatus inferior al de las esposas -puesto que nunca se casarían-), mientras que las esposas servían para tener una descendencia legítima y para que fuesen las guardianas fieles del hogar. Por lo que el hombre podía tener una vida sexual muy diversa, pues podía tomar cuanto quisiera para satisfacer sus necesidades sexuales. De hecho, la sexualidad en sí se trataba sencillamente de un uso del cuerpo y los griegos lo hacían sin ningún complejo (practicándose todas las formas -heterosexuales y homosexuales-). De hecho, en Tívoli (cerca de Roma), se cree que surgió el amor de una de las parejas homosexuales más famosas de la historia antigua. Adriano (76-138) y su joven erómeno Antínoo (110-130) compartieron gustos y aficiones hasta que este último “cayó al Nilo y se ahogó”.

Posteriormente, ya en la Edad Media, la Iglesia cristiana tomó el poder y empezó a imponer su ley dentro de las relaciones de pareja: por primera vez en la historia, el hombre tenía que casarse para toda la vida. Y este vínculo no se podía romper, ya que todo estaba bajo la atenta mirada de Dios. Por lo que las parejas no se podían romper, por muy mal que fuese la relación. Incluso, como los hombres no podían volverse a casar, lo que hacían era matarla para romper ese vínculo conyugal. La Iglesia también impuso la fidelidad a los esposos, por lo que el adulterio era un delito tanto para hombres como para mujeres. También se llegó a criminalizar el placer (el cual fue considerado pecado). La sexualidad sólo servía para concebir hijos y fue eliminado de la vida conyugal. En definitiva, amor y matrimonio no estaban necesariamente relacionados. Incluso cuando en la época de los trovadores (hacia Adriano y Antínoo el siglo XII) el amor empezó a idealizarse, este sentimiento no se relacionaba con el marido o la esposa. Andrés el Capellán, que formaba parte de la corte de María de Francia (condesa de Champagne, una de las grandes promotoras del amor cortés), escribió en su obra De amore una serie de 31 reglas sobre este asunto, entre ellas, que “el matrimonio no era una excusa para no amar (…)”. Es decir, que estar casado o casada no eximía de amar… a alguien distinto de la pareja. El amor, por tanto, se identificaba con el adulterio. De hecho, Andrés escribió que estas reglas habían sido traídas a la corte francesa por un caballero bretón de la corte del rey Arturo, cuyo amor exaltado y adúltero por la reina Ginebra condujo al desastre al reino ideal de Camelot. Por otro lado se encontraban Pedro I de Portugal (1320-1367) e Inés de Castro (1325-1355), quienes vieron truncada su pasión por el deseo del padre del enamorado (Alfonso IV). Éste, al ver que el futuro rey Fernando I de Portugal era un niño frágil mientras que los hijos bastardos de doña Inés eran más robustos y en el futuro reclamarían sus derechos monárquicos, decidió acabar con la enamorada.

Adriano y Antínoo Lo siguiente fue intentar conciliar el amor con el matrimonio, aunque dicho “amor” se concebía como el “amor a Dios”, un amor puro, casto, caritativo, que nacía después del matrimonio. Esto daba sentido al matrimonio entre personas que no se conocían (matrimonios arreglados). Pero no todos quedaron satisfechos, ya que los campesinos no tenían herencias que transmitir. Sin embargo, los tiempos cambiaron (lo cual queda reflejado en numerosas obras literarias y teatrales, donde el amor era el tema más importante). El resultado fue que todos querían casarse por amor (los jóvenes deseaban enamorarse y casarse con la persona amada) y este ideal empezó a propagarse, aunque muchos no se casaban porque socialmente no se valoraba el amor.

A finales del siglo XIX, en Europa el estado proponía una versión laica de las obligaciones y deberes que la Iglesia había impuesto durante mucho tiempo. En Francia, el código napoleónico regulaba el matrimonio: la pareja era una familia con un cabeza de familia que tenía todo el poder. La función de la mujer era tener hijos y era propiedad del hombre. Los esposos se debían fidelidad mutua y, mientras que el marido debía proteger a su mujer, ésta debía obedecer a su marido. El divorcio seguía siendo prácticamente imposible y el placer seguía siendo un tabú. No obstante, algunas mujeres empezaron a aventurarse algo más que lo habitual en el terreno de las infidelidades conyugales.

Hasta mediados del siglo XX muchos descubrieron su sexualidad en los burdeles, convirtiéndose así en un lugar de iniciación que permitía a los jóvenes iniciarse en la sexualidad con una mujer con experiencia. Todo lo contrario sucedía a las mujeres, que generalmente llegaban vírgenes al matrimonio. Paradójicamente, el estado condenaba el adulterio por un lado y, por otro, regulaba los burdeles. Y para la mujer casada, el placer seguía siendo un continente inexplorado. Pero entonces tanta prohibición pudo generar muchas expectativas y fantasías en la mujer (es lo que en psicología conocemos como “fenómeno de la reactancia”: respuesta de transgresión ante una amenaza o coacción percibida a la libertad de conducta) y muchas de esas “fantasías” acabaron discriminando transgresiones reales a la norma.

Avanzado el siglo XX aparecieron las primeras demostraciones públicas del sentimiento amoroso (recordemos que hasta 1880 no se podía besar a alguien en la boca en público, pues era un atentado contra el pudor). Los jóvenes vivían y trabajaban en las ciudades, lejos de sus familias, tomando las riendas de su vida. Empezaron entonces a desafiar las normas establecidas, criticando la ley, la tradición y los matrimonios arreglados. Fue cuando se empezó a hablar de pareja tal y como hacemos hoy en día. Los jóvenes empezaron a enviarse postales y cartas románticas. También era la primera vez que el hombre y la mujer empezaban a elegirse (era el principio del fin de los matrimonios arreglados).

En los años 40, después de la II Guerra Mundial, Europa necesitaba niños y la política familiar estaba en pleno apogeo: existían leyes muy estrictas que regulaban la vida privada (promoción de la maternidad y prohibición del aborto). La familia era lo primero y lo más importante. El niño era la razón de ser de la pareja, una vez más. Los hombres trabajaban para llevar dinero, mientras que la mujer se quedaba en casa (incluso muchos defienden que su misión era mantener la casa coqueta para que su marido tuviese ganas de volver a casa después del trabajo, encontrándose así un entorno familiar confortable y agradable). De la mujer se esperaba que, al poco de casarse, se quedase embarazada. Por otra parte, no podía trabajar sin la autorización de su marido (éste era quien le daba una cierta cantidad de dinero cada mes). El modelo era la autoridad del hombre (en el matrimonio y fuera de él). El divorcio seguía estando mal visto; de hecho, era propio de “mujeres sin principios” y los hijos de padres divorciados estaban prácticamente “condenados al fracaso”. Nadie recibía a divorciadas, porque estaban solas y se corría el riesgo de contrariar al marido. Se tenía muy en cuenta la opinión del marido, ya que éste representaba el bien y el valor económico. El matrimonio era para toda la vida y no había que divorciarse por los hijos.

finales de los años 60 se produjo una revolución en Occidente: se protestó contra el orden establecido bajo todas sus formas. De repente empezó a tambalear un modelo que se había venido manteniendo desde hacía miles de años. Era un momento clave en el que se pasó de la noción de familia a la de pareja. El ideal de la pareja se convirtió en el de dos individuos que querían ser felices y desarrollarse juntos, sobre todo sexualmente. Tal es el caso del movimiento de Mayo de 1968, en el que se reivindicaba que los chicos y chicas pudieran ir a los campus universitarios femeninos y masculinos, respectivamente. Muchos estudiosos consideran este movimiento como una reivindicación del propio cuerpo y de la propia sexualidad (tanto del hombre como de la mujer, pues hasta el momento ambos habían tenido que afrontar sus correspondientes prohibiciones). Entonces el placer empezó a no ser pecado y se defendía la libertad en todos sus sentidos. Las prácticas sexuales previamente perseguidas, prohibidas, reprobadas y calificadas de perversas, se convirtieron en prácticas lícitas. Constituyó, pues, una auténtica revolución que fue posible también, en parte, gracias a la comercialización de la píldora anticonceptiva. Esto liberó a la pareja, eliminando la angustia ante la posibilidad de un embarazo no deseado. Para las feministas fue el resultado de una larga lucha. Se podía decidir sobre la maternidad y sobre el placer. También coincidió con el descubrimiento del papel del clítoris en la sexualidad de femenina. Por lo que la familia ya no era un paso obligatorio: la pareja podía existir con o sin niño. Al mismo tiempo, el marido fue perdiendo la autoridad histórica que tenía sobre la mujer; ante la ley, el hombre ya no era el cabeza de familia. A partir de entonces, la mujer podía trabajar sin la autorización del marido, por lo que también constituyó el principio del fin de las amas de casa. Básicamente, se rechazaba la autoridad y las jerarquías (como la de la pareja y la de la familia, en las que normalmente había un jefe -el marido- y por debajo el resto -esposa e hijos-). A partir de este momento, una pareja la constituirían un hombre y una mujer a partes iguales. De hecho, todavía se siguen valorando todas las consecuencias de este cambio. A partir de los años 70 se empezó a plantear la cuestión de la violación conyugal que implicaba que una mujer casada podía ser violada por su marido porque aquél no era el propietario de la mujer y ésta no estaba definida en calidad de esposa, sino que seguía siendo ella misma, por lo que podía negarse. Y con esto apareció la posibilidad de divorciarse.

Pero los cambios o revoluciones no han acabado. Todavía hay temas pendientes que tienen que ver con la infidelidad, las parejas homosexuales y la posibilidad de que se casen y/o tengan hijos, el útero artificial, etc. La cuestión es que cuando ya nada se impone ni por la familia, ni por la Iglesia, ni por el estado, cada cual ha de decidir sobre sí mismo, inventando “su propio modelo” (es, como dirían muchos, el precio de la libertad conquistada). Asimismo, el hecho de que en los últimos años hayan acontecido tantos cambios ha “despistado” a muchas personas, quienes no saben muy bien cómo actuar o comportarse. Por otra parte, no olvidemos que hay casos de todo tipo y que hay personas que encuentran la felicidad bajo modelos o tradiciones que uno mismo no compartiría, por eso es preciso respetar a los demás y “abrir la mente” ante tanta diversidad que nos rodea. Una cosa es que nosotros no compartamos o hagamos determinadas cosas (o no fuésemos felices de esa manera) y otra bien distinta es que los demás no puedan hacerlo.

Esperamos que este pequeño recorrido histórico nos sirva para echar un vistazo a nuestro pasado y aprender de cara al presente y al futuro, pues así nos damos cuenta de que muchos aspectos que se consideraron en su momento “incuestionables” fueron, en realidad, fruto de una simple tradición o atendían a intereses propios de una minoría. Conviene, pues, ser críticos con lo que nos rodea y con nosotros mismos, siempre desde el respeto y la flexibilidad o aceptación, para poder aprender y progresar.

Gala Almazán Antón
Psicóloga, Equipo ERGO

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Afrontar las decisiones y los cambios

    El cambio forma parte de la vida y constantemente tenemos que adaptarnos a las diferentes circunstancias que van apareciendo. Cambios en el puesto de trabajo, cambio de jefe, cambio de residencia, ruptura de pareja o inicio de nuevas relaciones, cambios en el grupo de amigos, casarse, convertirse en padres, mudarse de ciudad o país… todos estos son ejemplos de situaciones que forman parte de la vida de todos nosotros y que nos ponen en el brete de tener que hacer modificaciones en nuestras rutinas y costumbres y nos obligan muchas veces a tomar decisiones.

 Los cambios, sobre todo cuando son bruscos o imprevistos, o cuando están relacionados con aspectos importantes de la vida, generan cierto miedo, pues nos obligan a romper con el modo de vida al que estábamos habituados y en el que nos encontrábamos relativamente cómodos. El cambio implica incertidumbre y lo desconocido, aquello que escapa a nuestro control y que nos resulta impredecible, genera temor e inseguridad.

Sentirnos dubitativos e inseguros a la hora de enfrentarnos a los cambios es una reacción normal y relativamente adaptativa, pues nos ayuda a analizar y explorar cuidadosamente las nuevas circunstancias, pues un exceso de confianza inicial podría tener consecuencias muy negativas (que se lo pregunten si no a nuestros antepasados, a los que la prudencia les salvó la vida en más de una ocasión). ¡Pero cuidado! Experimentar cierto miedo al cambio es normal y adaptativo, pero que este temor nos paralice y nos impida actuar y afrontar adecuadamente las nuevas situaciones o tomar decisiones con claridad, puede convertirse en un problema.

Debemos aceptar que las circunstancias difíciles, inesperadas y cambiantes forman parte de la vida, y que por tanto, la adaptación a los cambios también es un esfuerzo que tenemos que realizar por nuestra parte, si queremos aprender a vivir la vida de manera más plena, saludable y feliz. No podemos controlar todas las circunstancias de nuestro entorno, pero lo que sí está en nuestra mano es el modo en que las gestionemos y afrontemos.

Los cambios en nuestra vida nos obligan la mayoría de las veces a tomar decisiones más o menos relevantes. A veces vamos aplazando estas decisiones por miedo a lo que nos deparen. Este miedo está muy bien reflejado en el dicho popular “mejor lo malo conocido, que lo bueno por conocer”. La comodidad de lo que ya conocemos nos lleva muchas veces a no dar pasos hacia adelante, incluso aunque lo que tengamos no termine de convencernos o satisfacemos, porque ¿y si lo que viene después es peor?

Estos miedos y anticipaciones son frecuentes cuando nos enfrentamos a una toma de decisiones, pero el hecho es el siguiente: Si nunca damos el paso y nos exponemos a lo nuevo, nunca podremos mejorar el momento presente, y nunca podremos comprobar si realmente nuestros temores eran ciertos.

A la hora de afrontar una toma de decisiones debemos contar con que no es algo fácil de afrontar y tener en cuenta que no hay solución ideal y perfecta, pero mantener la situación presente muchas veces tampoco es la mejor solución. Toda toma de decisiones supone inclinar la balanza a favor de una opción y en detrimento de otra/s, por lo que inevitablemente implica hacer una renuncia y asumir un riesgo:

  • Asumir un riesgo: Porque nadie garantiza que la opción tomada sea la mejor a la hora de la práctica y porque siempre puede haber factores externos con los que no contábamos y que pueden escapar a nuestro control. No obstante, en nuestras manos también está aprender a gestionarlos y poner en marcha estrategias para darles solución.
  • Realizar una renuncia: Porque nos veremos privados de los aspectos positivos de otras opciones, pero también de las consecuencias negativas de esas mismas opciones. Y no podemos olvidar que, si nos decantamos por una opción, es porque la consideramos la mejor después del proceso de análisis realizado.

Existen procedimientos para ayudarnos a tomar decisiones de la manera más racional y acertada posible, con el fin de elegir aquella alternativa que maximice las ganancias y minimice las consecuencias negativas, pero nadie nos librará del factor riesgo y de la renuncia. En la toma de decisiones nos ayudará realizar los siguientes pasos:

  1.  Definir la situación o problema sobre la que hay que decidir.
  2. Exponer todas las alternativas posibles (incluso las más sorprendentes) a modo de “lluvia de ideas”. Las claves son la cantidad y la variedad.
  3. Posponer inicialmente la valoración y el juicio sobre cada alternativa. Desechar nuestros miedos y prejuicios sobre cada una de ellas con el objetivo de que no sesguen la decisión ni nos disuadan de tomarla.
  4. Descartar aquellas opciones inviables.
  5. Analizar pormenorizadamente los pros y los contras de cada una de las alternativas viables, teniendo en cuenta varios aspectos fundamentales: 1) En qué medida resuelve la situación, 2) En qué medida me siento bien con esta solución, 3) Cuál es el balance de coste/tiempo, 4) Cuál es el balance de coste/beneficio.
  6. Optar por la decisión que maximice lo positivo y minimice lo negativo y empezar a llevarla a la práctica, anticipando previamente los obstáculos que nos podemos encontrar. Esto nos ayudará a saber afrontarlos cuando aparezcan.

Algo con lo que debemos contar es que ninguna solución es perfecta, pero una vez tomada, debemos estar seguros de que ésa es la mejor decisión que podríamos haber tomado. Ya no es momento de pensar cómo hubiera sido todo si hubiéramos decidido algo diferente, pues eso nunca lo sabremos. Para nuestra tranquilidad, debemos contar con que NADA ES INSALVABLE. Incluso aquellos obstáculos que puedan aparecer, podremos irlos afrontando poco a poco, pero lo que está claro es que si no hay cambio, no hay mejoras y dejar que nuestros miedos nos paralicen puede cortarnos mucho las alas e impedirnos descubrir lo que otros modos de vida (situaciones, parejas, trabajos…) nos deparan.

Miriam Rocha Díaz

Psicóloga, Equipo ERGO

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Exposición de un caso de autismo a través de la Terapia Asistida con Animales

Esta semana nos planteamos exponer un caso de autismo y de cómo se trabaja a través de la terapias asistida con animales.

Antes de nada, se va a aclarar el perfil del paciente.

R. es un niño de 11 años con un trastorno autista. Dicho así, podemos imaginarnos más o menos qué tipo de comportamientos va a mostrar por lo que conocemos a través de los medios de comunicación.

Sin embargo, cada caso es único aunque estemos clasificándolo dentro de una categoría determinada, por lo tanto necesitamos información más concreta para plantearnos una intervención (para aclarar esto, se pueden ver las publicaciones previas sobre la importancia de las etiquetas diagnósticas y el análisis funcional).

R. cuenta con varias conductas funcionales que le permiten adaptarse a situaciones cotidianas. Le gusta interactuar con personas, camina sin problemas, tiene un amplio repertorio de vocabulario, es bastante autónomo en actividades de la vida diaria como lavarse los dientes, ducharse, peinarse…

Sin embargo, en cuanto a las conductas problemáticas, radican en comportamientos de autoestimulación tipo introducir el pulgar en la boca y el anular en la nariz, tiene una mala pronunciación de las palabras, muestra rabietas e insulta cuando no quiere hacer algo, le cuestan los tiempos de espera y pega a su hermano o lloriquea cuando su madre interactua con éste.

Se empezó a trabajar la interacción con el animal de una manera progresiva para poder hacer que la herramienta sea efectiva y poder aumentar los tiempos de atención y concentración de R. y por lo tanto garantizar un mayor aprendizaje. Se hicieron 4 sesiones de evaluación a través de observación natural, informes de otros profesionales y entrevista a los padres.

Una vez se contaba con una amplia lista de reforzadores, se pasó a trabajar con el perro las actividades que más le agradan a R. de tal forma que poco a poco el animal pasará a ser reforzante en sí mismo.

Por ejemplo, a R. le gusta la música. Si quería escucharla, antes debía emitir las respuestas a las demandas que le hacía el psicólogo. En el momento de escuchar la música, se posicionaba a la perra a una distancia que R. cada vez iba tolerando más.
La música que para él era el mayor reforzador posible, al estar asociado ya a la presencia del perro, cuando éste no está muy cerca, ignora la música hasta que el perro le acompaña. Esto último nos demuestra que un elemento que en un principio era neutro, ha pasado a condicionarse de forma positiva y por lo tanto permite al profesional aumentar los tiempos de atención y concentración, así como a aumentar el repertorio de reforzadores del niño, en este caso, asociados al animal.

Durante los primeros seis meses de intervención se estuvo incidiendo en trabajar la demora del refuerzo (es decir, que sepa esperar a obtener aquello por lo que ha respondido), la vocalización y pronunciación y las autoestimulaciones (meterse la mano en la boca y en la nariz)  a través de actividades asociadas al animal.

Es importante resaltar que se llevan a cabo sesiones de padres de forma frecuente (mínimo una al mes) para poder generalizar el aprendizaje del niño a otros ámbitos.

En unos meses está prevista la entrega de un perro de asistencia para R. que pueda facilitar su autonomía en su vida cotidiana. En tan solo unos meses R. ha mostrado cambios significativos en su comportamiento, por lo que podemos esperar que la tenencia de un perro de estas características le va a aportar múltiples beneficios.

1. En la primera imagen se capturó uno de los momentos en los que se hace que el perro apoye su cabeza y ejerza presión sobre la pierna de R. a la vez que le da calor. Si conseguimos reducir su activación, podrá concentrarse mejor en las tareas.

2. En la segunda imagen se muestra un ejercicio de imitación. El terapeuta plantea una secuencia, poniendo distintos objetos con respecto al animal para que posteriormente R. lo reproduzca.

3. Trabajando motricidad fina a través de manipulación de pequeños trozos de papel y pegándolos sobre una plantilla del perro que trabaja con R.

Andrea López Bosch

Psicóloga, Equipo ERGO

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